Capitalismo y cristianismo, ¿compatibles?

Muchas veces hemos oído a alguna que otra personalidad importante decir cosas parecidas a estas: “Jesucristo sería de Podemos”, “el cristianismo es más comunismo que capitalismo” o “son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

Se demoniza al Capitalismo porque es individualista y competitivo, y en él la persona es egoísta y solo busca su beneficio personal. A primera vista parece cierto, quizás el sistema comunista sea más parecido a lo que proclamaba Jesús y lo que los primeros cristianos hacían: no buscaban el lucro personal e intercambiaban sus bienes y servicios sin beneficio (plusvalía), no había propiedad de medios de producción, por lo tanto, no había explotación (entendido en concepto de la teoría marxista, no el uso común). En definitiva, no había interés particular, sino que era común, una preocupación por el prójimo.

Aunque nos parezca correcto, dicho planteamiento no lo es. La clave del argumento reside en la libertad. Tenemos que partir de la base de que Dios nos ha hecho libres y que el sistema acorde al cristianismo debe ser defensor de la libertad.

Galatas 5:1
Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.

¿Hay libertad en el comunismo?

No. Ni a nivel teórico, ni a nivel práctico.

En la teoría es inalcanzable, tal y como planteó Ludwig Von Mises, al demostrar la imposibilidad del cálculo económico en ausencia de instituciones como el dinero y los intercambios libres. Además de lo anterior (referido al aspecto económico), es moralmente contrario a los principios cristianos de libertad por estar en contra de la propiedad privada de los medios de producción.

La propiedad privada, además de ser algo propio de la naturaleza humana según estableció John Locke, es respetada por la Iglesia y por el propio mensaje de la Biblia. Ser libres implica poder ser propietarios.

Salmos 128:2
Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y te irá bien. 

En este momento, se puede añadir desde una perspectiva marxista que la propiedad privada de los medios de producción no sea fruto del trabajo. Esta idea es precisamente uno de los errores de esta teoría económica; que no considera al empresariado como factor productivo. De ahí que se derive la plusvalía y la explotación.

El empresario es un factor productivo más, sin él, no sería posible la producción. Éste, asume el riesgo y aporta capital ahorrado. Ese capital procede de trabajo y de tiempo, en donde todos los ingresos (derivados de haber participado en el proceso productivo como fuerza laboral) obtenidos no han sido destinados a consumo o gasto, sino que han sido almacenados, lo que supone un sacrificio, un esfuerzo; trabajo. Es decir, que la oposición del marxismo a la propiedad privada de los medios de producción es una idea totalmente contraria a los valores y creencias cristianas, favorables a la libertad y en consecuencia, a la propiedad.

Proverbios 13:11
El dinero mal habido pronto se acaba;

quien ahorra, poco a poco se enriquece.

A nivel práctico, debido a la imposibilidad teórica del cálculo económico, ha habido muchas corrientes que han hecho su interpretación y aplicación (Lenin, Trotski, Stalin, Mao Tse Tun, Eurocomunismo, etc). Todas ellas han resultado en lo mismo: planificación centralizada. Una constante presente en todas las políticas de la planificación ha sido la abolición de la propiedad en muchos ámbitos y la lucha contra la libertad.

Como hemos argumentado, el comunismo y socialismo son contrarios a la propiedad y a la libertad, es por eso, que nunca podrán ser coherentes con el mensaje cristiano.

¿Y en la socialdemocracia?

Tampoco hay libertad. Los impuestos que el Estado impone, coactivamente, a la población son opuestos a la libertad de elección de cada individuo.

Además de ello, San Juan Pablo II en centésimus annus, dice que el hecho de que haya un Estado que lleve a cabo las labores sociales, provoca un efecto desincentivador en la persona, quien, con menos medios, tiene menos motivación para ayudar al prójimo. Somos obligados y por lo tanto perdemos la responsabilidad de ayudar al necesitado, y ésta es sustituida por un Estado dominado por lógicas burocráticas más que por la verdadera preocupación de servir a los usuarios. Esa responsabilidad y libertad que, sin embargo, si tuvieron los primeros cristianos, los discípulos o el propio Jesucristo.

¿Es entonces el capitalismo?

El hecho de que dos de los tres sistemas creados no sean coherentes con el mensaje de Dios, no significa automáticamente la correspondencia del tercero, el capitalismo. Pero, como ahora demostraremos, no por descarte, sino por realidad, es el sistema capitalista el que concuerda con el pensamiento y los valores cristianos.

El capitalismo es un sistema económico basado en la libertad y el respeto al Derecho (iusnaturalismo). En él, los seguidores de Cristo somos capaces, voluntariamente, de hacer lo que hicieron los primeros cristianos; nadie nos impide poner nuestra propiedad en común.

¿Y los que no son cristianos? Tenemos de entender que todo el mundo no es cristiano, y habrá siempre personas que busquen en todo lo que hagan exclusivamente el beneficio personal y empoderarse frente a los demás (respetando siempre el Derecho), pero lo bueno que tiene el sistema capitalista es que sin pretenderlo, hacemos el bien a los demás. Como bien decía Adam Smith con su teoría de la mano invisible, la búsqueda del beneficio personal repercute positivamente en el beneficio social. El hecho de que yo quiera satisfacer mi necesidad de comprar comida hace que la persona que me vende esa comida o que la produce, se beneficie también y además, con el único objetivo de beneficiarse ella misma. Los individuos que realizan su trabajo no lo hacen por pura solidaridad, si no buscando su propio interés, pero sin darse cuenta, están proporcionado y ayudando a satisfacer una necesidad a otras personas.

Tampoco es negativa la búsqueda de lucro o beneficio. El mismo San Juan Pablo II, afirma que el hecho de que una empresa tenga beneficios no tiene un significado egoísta, sino todo lo contrario, es síntoma de que los factores productivos se han coordinado a la perfección y esto repercute positivamente en un gran número de personas.

Eclesiastés 4:9
Más valen dos que uno,
porque obtienen más fruto de su esfuerzo.

Las empresas son uniones libres de personas que aportan y ponen en común sus propiedades (trabajo, capital, tiempo, experiencia, conocimiento, etc) libremente, con el afán de obtener beneficios mediante la satisfacción de las necesidades de terceras personas, ajenas a la organización: sus clientes. Quienes, además, mediante el pago reconocen el trabajo y el esfuerzo de su prójimo, entregándoles parte de su propiedad (que obtuvieron por satisfacción a otros individuos). Y así, continuamente.

La propiedad privada es el mejor reparto de la responsabilidad colectiva. Para poder conservarla te ves en la necesidad y responsabilidad de cubrir la necesidad de otros.

Concluyendo, tanto el comunismo como la socialdemocracia son sistemas liberticidas, contrarios al deseo de Dios. Debemos de reafirmarnos en el sistema capitalista porque permite a los cristianos actuar de manera recta a su fe y también traduce las egoístas intenciones de otras en beneficio comunitario, tanto en un caso como en otro, estamos repercutiendo positivamente en el beneficio común.


2 respuestas a “Capitalismo y cristianismo, ¿compatibles?

    1. Muchas gracias por la lectura y la aportación. Sin embargo, creo que, a la postre, el distributismo es esa socialdemocracia o estado de bienestar del que he hablado en el artículo. Sin dudarlo, es una idea cargada de buenas intenciones, pero no termina de encajar con la idea de libertad cristiana, a mi parecer.

      En ese sistema, con la existencia de una organización estatal que se encargue de la distribución de la riqueza, se recurre a la coacción para atacar la propiedad de muchos individuos, pagando impuestos. Yendo esto en contra del principio cristiano.

      En segundo lugar, la concentración de la propiedad y la posterior desigualdad que acarrea no es tan negativa como estamos acostumbrados a percibir. La riqueza reside en la capacidad de producción y la productividad, no en la acumulación de riqueza, así ya lo defendió Adam Smith en su crítica al mercantilismo en “La riqueza de las naciones”.

      Para permanecer rico, el propietario no solo debe de acumular, sino, invertir lo acumulado para que ese capital no se esfume. Y para seguir produciendo e ingresando, se necesita de los demás, de organizaciones empresariales, clientes y trabajadores. Un ejemplo sería Amancio Ortega. Una persona rica que necesita de clientes y trabajadores (de los demás) para poder prosperar. Y si prospera, es porque es capaz de servir bien a los demás (siempre que no se aproveche de los derechos de nadie).

      Además, si pensamos en la riqueza como una tarta de recursos, tenemos que tener en cuenta que gracias al capitalismo y la libertad empresarial, la tarta es cada vez más grande, más gente puede acceder a ella. ¿Qué nos importa que Amancio Ortega gane un millón mientras el resto gane 100 mil?

      La desigualdad no es negativa, la pobreza sí. Y se ha demostrado que cualquier intento de redistribución crea igualdad y también pobreza, cosa que es mucho más dañina que la desigualdad.

      Es más, la desigualdad es natural y no contraria al cristianismo. Dios nos reconoce desiguales y nos invita a poner nuestro potencial y don al servicio de los demás.

      Como decía, es un planteamiento con buenas intenciones, pero liberticida y con resultados no tan positivos.

      Muchas gracias

      Un saludo

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