El resultado objetivo de los valores morales

Artículo original publicado en El Club de los Viernes.

Muchísimas son las ocasiones en las que nos resulta imposible debatir –a los liberales- con otras personas que defienden ideas intervencionistas o alejadas del liberalismo. Esto es, porque el problema no es convencer con los resultados o hechos empíricos de determinadas políticas, sino más bien, los fundamentos morales de dichas políticas. Es decir, es muy poco probable que un liberal, defensor de los derechos negativos (derechos naturales que nadie puede impedirnos), consiga convencer a un socialdemócrata, defensor de los derechos positivos (consideran que los derechos no solo se tienen, sino que hay que ejercerlos para hacerlos efectivos). El primero entenderá la libertad como la no imposición y la libre decisión, y el segundo, creerá lo anterior como insuficiente y pedirá que estas premisas se realicen con medios y posibilidades materiales. Ya no estamos ante un conflicto de realidades y hechos objetivos, que pueden contrastarse y ordenarse por superioridad en eficacia y resultados; estamos ante una divergencia en valores morales, en la raíz y base de las construcciones intelectuales.

Esto supone una gran dificultad para el acuerdo, pues, no podemos ordenar directamente los valores morales en superiores o inferiores atendiendo a lo que son. Es un relativismo –acertado- que nos impide demostrar la superioridad de unos valores morales sobre otros, puesto que son elecciones y percepciones subjetivas de los individuos, que dependen de las distintas concepciones de la vida y de la justicia. Entonces, ¿nos vemos abocados a no llegar a un acuerdo nunca?

Si es verdad que no podemos enjuiciar los valores individuales y subjetivos desde nuestra perspectiva (nuestros valores y visión sobre la vida). No podemos juzgarlos por lo que son, pero sí podemos valorarlos en función de sus consecuencias. Acerquemos el caso de los derechos positivos y negativos a una realidad concreta.

Un liberal entenderá el derecho al trabajo como la posibilidad de ser contratado o de crear una empresa sin la interferencia o prohibición por parte del Estado (u otro agente). Pero, una persona que confíe en los derechos positivos, creerá insuficiente esa no interferencia de un tercero y exigirá que se le faciliten los medios necesarios para poder cumplir con ese derecho: bien sea garantizando el empleo, o bien recibiendo recursos para invertir. El paralelismo real sería: la creación de empleo público o los subsidios a las empresas.

Estas políticas públicas de intervención implican la detracción de recursos de otros sectores productivos, lo que supone dos hechos. El primero, que esta sustracción viola los derechos negativos de los sujetos pasivos, arrebatándoles su propiedad. El segundo, que la intervención del gobierno en la economía tiene efectos negativos en el crecimiento económico, como muchas teorías han demostrado. Y esta merma del crecimiento económico, a su vez, repercute negativamente en el poder adquisitivo y en las condiciones materiales de los individuos que reciben la ayuda. Es paradójico, la intervención que tiene como objetivo conseguir las posibilidades materiales de algunos colectivos, acaba empeorando las condiciones y, por ende, no consiguen la realización efectiva de los derechos, no alcanzando ese ideal de justicia material.

Visto el caso concreto, podemos también generalizar con el conjunto de los derechos negativos. En los países y en las situaciones donde se respetan estos derechos, el crecimiento y la calidad de vida son mucho mayores que en los casos en los que se infringen. Se ha demostrado que, en periodos de guerra, las condiciones de vida de las personas empeoran considerablemente, como igual ocurre en países donde ocurren dictaduras.

La clave de la efectividad en los resultados de determinados valores radica en si representan y cumplen con los principios de la naturaleza humana. Aquellos fundamentos morales que defiendan ideas que se sustentan en la concepción humana tendrán resultados objetivos mejores: mayor crecimiento y riqueza, menores conflictos y mayor calidad de vida. En este sentido, lo que hoy conocemos como derechos negativos, cumple de manera acertada con la concepción natural del ser humano. Ya que, los resultados y consecuencias de su respeto son muy superiores a cualquier otros.

Por eso, es fundamental la defensa efectiva de las libertades negativas. En primer lugar, porque cumple mejor con la realidad de la naturaleza humana. En segundo lugar, porque es la única manera de respetar los derechos de todos los individuos, puesto que los positivos necesitan recortar libertades negativas a ciertos colectivos para favorecer a otros. Y, por último, porque el resultado es más eficiente, lo que permite a los más desaventajados alcanzar mejores condiciones materiales y vitales.


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