Lo que se ve y lo que no se ve (III): pensiones

Artículo original en La Voz de Córdoba.

Siguiendo con los dos artículos anteriores, donde usábamos la estructura de “lo que se ve y lo que no se ve” de Frederic Bastiat, en este trataremos otro polémico asunto: las pensiones

Pensiones

Este es uno de los grandes problemas y desafíos de política económica de España, incluso, puede que sea el más importante. Con el actual sistema de reparto que tenemos no somos capaces de garantizar pensiones dignas y su sostenibilidad para el futuro. Las pensiones de hoy, se pagan con el dinero de hoy. Y lo peor, una pirámide poblacional invertida y una productividad por trabajador estancada que impiden llenar las arcas públicas. Todo el dinero que se recauda en concepto de cotizaciones es destinado a pensiones, otros gastos como sanidad tienen que ser financiados a través de distintas fuentes de ingresos públicos. Es más, cuantificando todo esto, hemos de saber que el resultado de la Seguridad Social supone ya el 54% del déficit público, y que el famoso agujero estructural es de 15.000 millones de euros, el 1,5% del PIB español.

Está claro, todos los organismos, instituciones y expertos lo dicen: el sistema de reparto no se sustentaAnte esta terrible situación, los principales partidos políticos no proponen ninguna solución seria, ni efectiva a largo plazo. Todos hablan de equiparar, revalorizar, indexar o revisar elfactor de sostenibilidad. Mientras tanto, los países de nuestro entorno, esos Estados europeos que tanto nos gustan y en los que nos fijamos muy frecuentemente, han adoptado otros sistemas de pensiones mixtos que combinan el ahorro individual o capitalización y el sistema de reparto público.

He de puntualizar que como alternativas al sistema actual de reparto tenemos otras opciones como el sistema de capitalización puro, donde cada persona ahorra de forma individual su pensión, y un sistema mixto donde se intercala el ahorro individual y el sistema de reparto público.

La capitalización no es, como siempre nos cuentan, seleccionar en exclusividad planes de pensiones privados donde el Estado y los bancos nos machacan a base de impuestos y comisiones. Verdaderamente, hay muchas alternativas de ahorro; desde una operativa individual en bolsa con renta fija o variable, con fondos de inversión, o incluso, con un índice. A día de hoy, se han creado muchas más herramientas que permiten obtener mejores rentabilidades, sorteando el hachazo del oligopolio bancario y el monopolio estatal.

Además, la capitalización induce a un circulo virtuoso de creación de riqueza, acumulación de capital y aumento de la productividad. El dinero que se ahorra, en vez de ser gastado o consumido por las generaciones presentes, se pone a disposición de la inversión, canalizado a través de los mercados financieros. Esas empresas cuentan con más fondos para invertir en capital, y es esta mayor acumulación de capital lo que permite que mejore la productividad, se paguen mejores salarios y disminuya el desempleo.

Sin embargo, es más fácil hablar de lo que se ve, esa mínima subida de las pensiones, las migajas extras que podemos percibir; que tratar lo que no se ve, que es el gran problema y terribles consecuencias que conlleva no plantear una reforma contundente del sistema de pensiones y seguir con estas medidas paliativas. Ya es hora de plantear una transición progresiva a un modelo que funcione y nos garantice el futuro a todos.


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