Los recursos se agotan

Artículo original publicado en La Voz de Córdoba.

El debate del cambio climático ha calado profundamente en la sociedad y en la conciencia de millones de personas en todo el mundo. Las advertencias son claras, si continuamos al ritmo actual, los recursos naturales desaparecerán en un medio-largo plazo que algunos sitúan en el año 2050. La concienciación ya existe (y debe seguir extendiéndose), casi todo el mundo sabe lo importante que es cuidar del medio ambiente y la solidaridad intergeneracional implícita que hay en el respeto por el ecosistema. Sin embargo, la realidad no cambia, por lo que las siguientes medidas a adoptar parecen pasar por decisiones políticas: impuestos, restricciones a la producción, licencias, expropiaciones… todo lo que sea necesario para la solución del problema.

La solución no es la intervención

En efecto, y como siempre defenderé para cualquier problema o reto económico y social, la clave no está en los mandatos coactivos de un gobierno. Seamos claros, a los gobiernos no les importan los problemas sociales o medioambientales, simplemente se aprovechan de ellos como herramienta para mantener o ampliar el poder. Con que, por lo pronto, sería un buen matiz a tener en cuenta cuando digamos de confiar importantes responsabilidades en verdaderos irresponsables.

Desde un análisis más profundo, podríamos relacionar primeramente los problemas medioambientales con cuestiones de eficiencia. Está más que claro, a medida que avanzan los años, los procesos productivos y fuentes de energía son cada vez más eficientes: hace falta menos cantidad de insumo y, además, ese insumo puede obtenerse de manera más sostenible. Las limitaciones físicas y naturales pueden ser perfectamente superadas por el ingenio humano, o lo que en la terminología de la Escuela Austriaca conocemos como creatividad empresarial. El mismo efecto económico tiene el aumento de las reservas físicas de petróleo, que el descubrimiento de un carburador que consiguiera el aumento proporcional de la eficiencia de los motores de explosión. El progreso económico y social, las ganancias de eficiencia que evitan el despilfarro y malgasto, han sido consecuencia del desempeño de la creatividad humana.

Pero para que la creatividad humana tenga la posibilidad de desarrollarse plenamente, es necesario evitar los mandatos coactivos y privativos de libertad que caracterizan a la intervención del Estado, que solo dificulta la cooperación social con sus innumerables trabas, regulaciones y consecuentes ineficacias. Los países más libres (menos intervenidos) son los que más desarrollo tecnológico han conseguido y, también, los más respetuosos con el medio ambiente. No podemos caer en el enfoque estático creyendo que la información y conocimiento de los que disponemos ahora son la única solución; confiemos en la creatividad humana y en el dinamismo de los procesos sociales, para que descubran nuevo conocimiento que facilite mejores soluciones en términos de eficiencia y cuidado.

Mientras tanto

Tampoco podemos quedar a la espera de la panacea. Mientras que no conseguimos las mejoras de eficiencia, la creatividad empresarial se ocupa, en el ámbito jurídico, de asignar correctamente las responsabilidades y derechos de propiedad para paliar lo que se conoce como externalidades. Estas son las consecuencias negativas que suponen determinados procesos de producción o, simplemente, el consumo. Un ejemplo de externalidad son los vertidos químicos que puede hacer una fábrica a un río o mar. En este caso, y a la espera de una solución más eficiente, el ingenio humano nos lleva a determinar las responsabilidades y derechos de propiedad. Ya sea mediante propiedad privada individual o comunal, el medio ambiente es mucho mejor conservado que en los casos de propiedad pública, precisamente, porque las responsabilidades y sus consecuencias están bien claras. Empíricamente, los países con mayor respeto por los derechos de propiedad se encuentran en una mejor puntuación en el Índice de Desempeño Medioambiental (EPI en inglés).

La solución es la creatividad empresarial

No son las trabas, los impuestos o las obligaciones estatales las mejores opciones, pues derivan en ineficacia e irresponsabilidad con el medio. Por contra, el libre y espontáneo ejercicio de la creatividad y función empresarial, que es una capacidad innata que todo ser humano tiene para descubrir y crear innovaciones, es la que consigue disruptivos métodos más eficientes que consumen menos recursos naturales, y determina los cimientos jurídicos y contractuales de los que emanan las responsabilidades asociadas a la propiedad privada comunal e individual.


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